Tengo claro que hay dos cosas contra las que no nos podemos enfrentar. La primera es el destino, y la segunda las grandes compañías de telecominicaciones, las cuales han impedido que tenga internet en mi casa durante estas dos últimas semanas. Finalmente he conseguido volver a tener conexión no sin antes haberme dejado litros y litros de saliva hablando con las operadoras del 902 de los distintos proveedores de internet. En fin, caso cerrado (ya escribiré un post al respecto).

Durante estas semanas, y volviendo al género del documental, he podido ver algunas cosas, entre las que hay que todo, desde música, historia, homenajes, etc. Es lo bueno del documental. Un único género que engloba miles y miles de historias y vidas.

À propos de Nice
Conocí la obra de Jean Vigo en la universidad. Generalmente cuando empezamos a investigar sobre una corriente artística, por arte de magia, nos aparecen miles de nombres que llegan hasta nosotros. Vigo fue uno de ellos. Aquel año, gracias de mi colega P.R, programamos en el cineclub el primer, y único, largometraje de este director frances, L'Atalante (1934). La película me dejó sorprendido por su vitalidad y modernidad, a lo debemos añadir que Jean Vigo estaba muy enfermo en el momento de su realización. A partir de la proyección me enteré que este realizador tenía dos documentales cortos en su haber, el primero À propos de Nice (1930), obviamente sobre Niza, y el segundo sobre un nadador, Taris, roi de l'eau (1931). Como sucede con la vida dejé pasar la pasión que sentí y me enfrié. Este año, de forma mágica nuevamente, apareció ante mis ojos unos enlaces para descargar À propos de Nice. Acto seguido lo descargué.
Nada más empezar me quedé atónito. El cortometraje arranca con una banda sonora interpretada por un instrumento típico francés, el acordeón. Acompañando a la música el documental arranca con un plano aéreo de la costa de Niza. A partir de ese momento Vigo no hace otra cosa que jugar con la cámara: le sirve para retratar, capturar el movimiento y construir planos y movimientos según la arquitectura del lugar (esto me emocionó). Pero el retrato de Niza no trata de mostrar el nivel de vida previo a la II Guerra Mundial, sino que pretende denunciar las injusticias. Esto lo consigue muy bien en la fase de montaje. Vigo lo que hace es, antes de introducir una secuencia nueva (planos de distinto contenido) intercala una serie de fotogramas en la secuencia actual, la deja terminar y rápidamente cambia a la nueva secuencia. De esta manera nos muestra la imagen de una joven bailarina en pleno carnaval mientras nos va acercando al joven que trabaja duramente los altos hornos, o bien nos contrapone el lujo de la vida en los barrios de los ricos con los de los pobres. El uso que hace aquí del montaje es magnífico. De una forma indirecta el director deja entre ver qué sucederá a continuación, por lo que consigue introducir la próxima secuencia habiéndola hospedado previamente en la retina del espectador. Referencia cinematográfica digna de aparecer en los manuales de edición.
Y eso es À propos de Nice, un corto retrato social de la Niza de los treinta. Creo que si Vigo pretendía denunciar las injusticias reales la manera de rodarlo no era la adecuada, sin embargo, el documento es de una riqueza artística tan importante que debería ser obligatorio su visionado. Aunque el discurso narrativo del documental cambió mucho en los cincuenta siempre se tuvo a Vigo (y Vertov) como uno de los padres creadores del cinema-verité.

Goodbye, America
¿Al Lewis? ¿Quién es Al Lewis? ¿En serio? ¿El abuelo de la familia Munster? Pues sí, y además le hicieron un documental hace poco.
Si no recuedo mal fue C. quien me habló de él, del documental, me refiero. Resulta que el abuelo de los Munster no era un actor al uso, era un hombre de su tiempo, una persona sensible a la que le afectaban los problemas por los que pasó su país, desde la Gran Depresión hasta el 11-S. ¿Años? Sí, muchos, nació en 1910, así que... Hay un momento en el que una periodista le pregunta su edad porque ya era muy mayor para entrar el política. Al Lewis le contestó "No soy viejo, soy un joven de 88 años. La única vieja que hay aquí es usted".
El documental no se centra en Al Lewis, quiero decir que no entra en detalles de su carrera como actor, payaso, psicólogo y entrenador de basket, pero lo utiliza como un catalizador a través del cual se nos cuentan los últimos 90 años de historia norteamericana. Habla de su infancia en un barrio judío de Brooklyn, de la gran influencia de su madre, de la lucha contra las injusticias, las guerras, las ideologías, la caza de brujas, y sobre todo de la vejez. Todo ello contado mientras se sometía a la sesión de maquillaje previa antes de aparecer en un show teatral, a los noventa y tantos años. "Sólo tengo miedo de perder la memoria" dice Al Lewis al arrancar la película, y la verdad es que gracias a su memoria siguen vivos todos aquellos a los que ha ido perdiendo a lo largo de la vida, sobre todo su madre, a la que menciona constantemente.
Entre los testimonios se intercalan imágenes de archivos, el programa radiofónico de corte político en el que participaba, con unas grabaciones de sus ultimos días, en las que vemos a Al Lewis muy desmejorado. Sin embargo, a través de sus ojos, apunto de cerrarse, vemos que sigue recordando, reviviendo su historia, la Historia. Justo cuando comprendemos esto el documental gana de forma inmediata una riqueza de carácter humano alejándose de la película para convertirse en un trozo de vida, e una memoria inmortal. Y esto es lo que más me interesa, cómo hablamos de un hombre sin hablar de él, cómo el personaje de convierte en el vivo retrato de un país que convirtió al abuelo inquieto de los Munster en un icono de toda una generación.